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Culpemos a Disney de nuestras altas expectativas en el amor

“Un mundo ideaaaaaaaal, un mundo en el que tú y yo…”. Intenta tararear la música, seguro que también te sabes la letra. Bella, Jasmín, Ariel, Cenicienta, Blancanieves, Campanita, Mulán, Aurora… Seguro que más de una te suena. ¡Y cómo no lo van a hacer si hemos crecido con ellas! De hecho, podríamos cantar todo el día el soundtrack de esas películas.

¡Grandes valores los que nos inculcó Disney! Echarse una buena siesta como Aurora es el mejor plan para un domingo y bailar hasta perder uno de tus tacones en una fiesta como Cenicienta significa que realmente lo has dado todo.

¿Crees que la ficción de Disney está presente en nuestra realidad?

Blancanieves se pasó toda una película limpiando una casa donde vivían siete hombres enanos, Jasmín esperando cada noche en su habitación a que llegara su salvación y la bella durmiente echándose una pestañita hasta que apareciera su príncipe azul. ¿Y nosotras? ¿Qué hacemos? No sé ustedes, pero yo no pienso limpiar una casa hasta que quede impecable o esperar sentada mirando stories en el celular. En ese caso… ¿qué nos queda? ¿Asfixiar al príncipe hasta que se vuelva azul? ¡Qué flojera!

Ahora que hemos crecido, Disney nos ha abandonado dejándonos desalentadas en búsqueda de hombres que nos lleven a un mundo ideal en su alfombra voladora y que utilicen su espada con más estilo que Uriel del Toro posando en Instagram. Deberían haber creado un príncipe más realista para que desde pequeñas no nos hiciéramos ilusiones.

Claro, lo que ocurre en las películas es ficción, pero Disney nos mostró hombres que pasaban de cero a héroe en un abrir y cerrar de ojos y se enfrentaban a dragones siempre y cuando la recompensa fuera una princesa hermosa. Y ahora, en lugar de cantar “eres tú el príncipe azul que yo soñé” como Aurora, yo me pregunto donde estará. ¡No es justo!

Empiezo a pensar que buscar chicos Disney no vale la pena. Mucha valentía para luchar contra enemigos y escalar montañas, pero poca educación la de estos príncipes, que luego, por ejemplo, a la bella durmiente ni le preguntaron si quería seguir durmiendo. Yo, por muy guapo que sea el chico, o me trae unos chilaquiles por la mañana o no me muevo de la cama. Además, no acabo de comprender por qué las princesas siempre son las rescatadas en los cuentos, ¡si en la realidad somos nosotras las que siempre les salvamos el pellejo!

¿Saben que pienso? Que yo paso, que las princesas y princesos pueden quedarse en el mundo de Disney. Dejemos de buscar cuentos felices y mejor seamos felices sin tanto cuento.

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