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Cosas que a los 20 no te parecían importantes de él y que a tus 30 son un deal breaker

Llegar a los treinta trae consigo muchos cambios en tu vida, gracias a la madurez que en la mayoría de los casos se tiene a esta edad; la cual implica según psicólogos, que tomas decisiones basadas en tus propios valores para resolver tus problemas y eres más responsable. En otras palabras, si algo está mal te concentras en arreglarlo y, por ello, es normal que busques estar con personas que piensen lo mismo.

Esta madurez también significa que le das prioridad a la calidad de las relaciones y que hay patrones que obviamente, no estás dispuesta a repetir. No es que seas intolerante o te cotices, simplemente, tus perspectivas y expectativas se basan muchos más en lo que has aprendido.

Con esto en mente, te dejamos las cinco cosas que comúnmente a tus veinte no te creaban conflicto sobre tu pareja y que, ahora a los treinta, son un motivo para salir corriendo.

Falta de ambición

Que el tener un trabajo estable o titularse no fuera la prioridad de tu crush no era algo que te quitara el sueño cuando eras más joven. Si antes la falta de estabilidad y retos de tu chico no opacaba lo mucho que te gustaba, a los treinta es muy probable que su falta de ambición profesional y personal le reste atractivo.

Quiere llevar las cosas despacio

A los veinte, las señales de ser alérgico al compromiso no eran un asunto preocupante. Quizás, incluso, tus planes de familia o de formalizar las cosas se veían kilométricamente apartados. Con ello, no queremos decir que a los 30 esto sea indispensable, pero sí, que al llegar a esa edad, un poco de seriedad y estabilidad encajan más con tus planes.

El antro es su segundo hogar

Cuando los jueves eran el arranque de tu fin de semana de fiesta, un chico que conociera los mejores bares y tuviera el ritmo a flor de piel parecía la mejor opción. Sin embargo, ahora que al final de la semana prefieres ver una película y descansar, una pareja que pase más tiempo en el antro que en casa, te hace caer en cuenta de que definitivamente ya no tienes veinte.

Exceso de “equipaje”

No hay nada malo con tener varias relaciones, porque, en teoría, cada una te ayuda a crecer y aprender algo de ti mismo. A los veinte, tanto tú como él pasaron por esa etapa. Pero, unos años después, seguir arrastrando la “maleta” de historias y estar clavado con la ex que fue “el amor de su vida” es una desventura que querrás ahorrarte. Por otro lado, vivir un déjà vu con el clon de tu ex no es para nada deseable ya que maduraste.

Una dosis de drama

Esa época entre superar la adolescencia y la adultez siempre incluye un periodo donde combates tus inseguridades, miedos y apego, que muchas veces se manifiestan en celos y uno que otro berrinche. Quizás recuerdes algunos pleitos con tus chicos que hoy parecen una tontería. ¿No resultaría aún más ridículo seguir protagonizando dramas de ese tipo a los treinta?

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